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Leo, luego existo

A veces, las lecturas, como el título del libro de Elvira Lindo, son Lugares que no quiero compartir con nadie y que sirven para Educar en el asombro (Catherine L’Ecuyer). Ken Bain, en su libro Lo que hacen los mejores profesores universitarios, considera que “hay que leer mucho para saber poco” y añadimos que primero debemos ser humildes y reconocer que sabemos muy poco. ¿Por qué? “El que no lee, a los 70 años habrá vivido solo una vida. Quien lee habrá vivido 5.000 años. La lectura es una inmortalidad hacia atrás” (Umberto Eco). Daniel Pennac en Como una novela añade que “leer es un acto de creación permanente” y que “el tiempo para leer, al igual que el tiempo para amar, dilata el tiempo de vivir”. Jesús Guillén acaba de publicar un post -que recomendamos- con el título Neuroeducación y lectura (aludiendo al título del libro de Francisco Mora). La lectura nos confiere El arte de pensar (José Carlos Ruiz) y sirve para encontrarnos a nosotros mismos, le podemos preguntar a los libros Dime quién soy (Julia Navarro). La lectura es un acto supremo, Necesario pero imposible, que “contiene tanto lo más elevado (sumpremum: la virtud) como lo más completo y acabado (consummatum: la felicidad” (Javier Gomá). Ya decía Miguel de Cervantes que “tres cosas hacen a la persona discreta: letras, camino y experiencia”. 

En otra entrada, nos referimos a la biblioteca del opositor/a, puesto que en palabras de Jorge Luis Borges, “siempre imaginé que el paraíso sería algún tipo de biblioteca”. En definitiva, Margarita Salas citando a Rita Levi-Montalcini afirma que “lo importante es no tener arrugas en el cerebro”.

 

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“No existen desafíos imposibles sino voluntades pequeñas”

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