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Aprendizaje vivencial

Imagina una secuencia didáctica en la que el alumnado, a partir de experimentos, reflexiona sobre la teoría. 

Visualizad una clase, dentro de un experimento titulado “En busca de Confucio”, en la que se forman 3 grupos de forma aleatoria para realizar una prueba de memoria. En este momento, se explican los conceptos una vez y, tras ello, se reproduce una canción. A continuación, el alumnado apunta el número de conceptos recordados.

En cada uno de los 3 grupos, se utilizó una estrategia diferente: grupo A, visual y verbal; grupo B, visual, verbal y experiencial; grupo C, sólo verbal.


Los resultados demuestran que cuando se practica lo aprendido, la retención en la memoria es mayor. De hecho, cabe destacar que los niños en edad infantil aprenden haciendo, de forma natural. No es necesario explicar cómo deben jugar y, mientras lo hacen, no dejan de aprender.

De esta forma, en la actualidad se ha demostrado que el aprendizaje vivencial con componente lúdico resulta un recurso muy potente para el aprendizaje del alumnado. ¿Por qué? Siguiendo a Forés y Ligioiz, se puede justificar en 6 claves:

I. Resulta placentero, al probar, explorar y rectificar.

II. Estimula la curiosidad y la creatividad, potenciando la innovación y la creatividad.

III. Genera autoconfianza, mejorando la autoestima y la resiliencia.

IV. Es un instrumento de expresión emocional, con naturalidad y en un contexto real.

V. Favorece la socialización, beneficiando la interiorización de pautas y normas de comportamiento social.

VI. Estimula el desarrollo físico, cognitivo y socioemocional.

“Imagina que pudiéramos enseñarles matemáticas a los niños porque quisieran jugar” (Daphne Bavelier).

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